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Sebastian Aviña

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El amor

jueves, diciembre 28, 2006

Toda historia de amor, afirmaba Heminway, finaliza en tragedia si se prolonga lo suficiente. Si no se rompe por el camino, la destruye la muerte. (...) Es agradable volver la vista al pasado y recordar el primer beso, el primer amor, que no siempre son los primeros que se dieron, los primeros que se vivieron, sino aquellos que traspasaron el alma.No se vive más amor que el primero: a partir de ahí comienzan a amontonarse. De hecho, no se siente más amor que el primero, rememorado una y otra vez. En el amor buscamos convertirnos en inmortales, hacernos inolvidables para la otra persona, y muchas veces lo único que conseguimos es que el fantasma del amado no nos abandone jamás. Los ojos de aquella muchacha que se buscan incansablemente en los demás. El tono de voz, maravilloso en el recuerdo, del chico del primer beso.

El llamado amor verdadero es, según mucha gente, la única razón para vivir.

La otra cara del amor, se ha dicho siempre, ha sido el sufrimiento. Enamorarse es comprar boletos para el dolor: duelen las distancias, pero también las malas palabras. Los celos, la indiferencia, aunque sea momentánea. Las discusiones y los desacuerdos. Duele esperar un gesto de cariño y saber que quien deseamos no es capaz de dárnoslo. Aun correspondido, existe un ansia de fusión, una nostalgia por la unión completa en la pareja que jamás podrá lograrse. Si existe pasión se sufre. No hay amor sin dolor, separación o miedos.

Y es que ya lo decía Amaia, de LODV;

“Y es que empiezo a pensar, que el amor verdadero es tan sólo el primero; y es que empiezo a sospechar, que los demás, son sólo para olvidar.”

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